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Un arriate de flores para que los niños huelan y sientan

Observar cómo nacen magníficas flores de diminutas semillas en un jardín es una experiencia fundamental para los niños. Lo mejor es dar a los niños su propio arriate para que puedan sentir la naturaleza por sí mismos y experimentar un poco.

Naturalistas en su propio arriate

A los niños les encanta cavar la tierra, plantar flores, recolectar verduras, comer bayas dulces y mirar cómo los girasoles se vuelven hacia el sol. Para dejarles probar el gran placer de la jardinería, ofrezca a los jóvenes naturalistas la oportunidad de acercarse a la naturaleza a la vez que se divierten. Las experiencias sensoriales, como acariciar la hierba suave, oler flores aromáticas y observar delicados pétalos pueden proporcionar momentos de auténtica felicidad. Lo ideal es dejar que sus pequeños jardineros hagan algunas tareas por sí mismos. Ya desde los tres años, los niños se entusiasman ayudando en el jardín. En su propio arriate - con una superficie de uno a dos metros cuadrados - podrán disfrutar experimentando y cuidando de sus plantas favoritas. Las plantas fáciles de cuidar, como las margaritas y las capuchinas, son ideales para los jardineros en ciernes. A los niños les impresionan también las flores aromáticas y de largos tallos. Un arriate para niños debería situarse donde la tierra esté suelta y tener forma circular, para que puedan alcanzar fácilmente todas las plantas. Macetas y jardineras son ideales para iniciarlos en la experiencia de cultivar flores y plantas.

Curso de degustación para niños

A los niños les gusta cualquier cosa que crezca rápido, tenga preciosos colores, buen sabor o un agradable aroma, como las fresas o los dragoncillos. Asimismo, las plantas que desprenden un aroma familiar despiertan la curiosidad de los niños. Hay muchas plantas de este tipo, como la margarita de olor a chocolate, el cosmos encarnado, la manzanilla del campo (Cephalophora aromatica), la hierbabuena, la maravilla tenuifolia, la menta y muchas otras. Frote con los dedos las hojas de menta o estragón para que una fragancia aromática impregne el aire. Recoger su propia cosecha para luego comérsela es aún más emocionante que tocar y oler. Ya sean las flores comestibles de las capuchinas, calabacines, fresas y frambuesas, o bien tomates y zanahorias, los niños nunca olvidarán esas experiencias.

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