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Coloristas rayos de esperanza en un jardín de otoño

Muchas herbáceas perennes florecen en agosto, o en septiembre a lo más tardar. A medida que el jardín avanza hacia su fase durmiente, van dominando colores como el verde y el marrón. Aunque mucha gente considera aburrida esta época del año, lo cierto es que en otoño podemos plantar especies que llenen de color la primavera del año que viene.

Plantas nativas que florecen en otoño

Los ásteres, que presentan diversos colores como el rojo oscuro, lavanda, morado, rosa y blanco, son típicas plantas de floración en otoño. A los ásteres otoñales les gustan las ubicaciones soleadas. Dependiendo del tipo y estructura del arriate, puede usted elegir entre ásteres tupidos, ásteres ericoides de flores pequeñas y arbustos de áster altos. Sus flores de color combinan muy bien con la hierba. Abejas y mariposas disfrutan también esta deliciosa fuente de alimento, pues en esta época del año hay pocas alternativas de polen disponibles. Los ásteres de otoño florecen hasta principios de noviembre, dependiendo de la variedad utilizada y de las condiciones meteorológicas.

Por supuesto, no debemos olvidarnos de las dalias. Estas flores también hacen disfrutar a los propietarios de jardines en otoño, gracias a los colores de sus flores. Sin embargo, debido a que son bulbos de verano y no se pueden plantar ahora en otoño, no entraremos en más detalles aquí sobre estas estrellas de nuestros jardines.

Otro clásico otoñal es el crisantemo, que florece de agosto a noviembre dependiendo de la variedad. Los crisantemos se utilizan a menudo para crear explosiones de color en tiestos para decorar el exterior de puertas principales o patios, pues se mantienen durante semanas. Sin embargo, también se pueden plantar crisantemos con éxito en el jardín. Eso sí, recuerde que la mayoría de los crisantemos no son muy resistentes, aunque normalmente sobreviven sin daño a las primeras heladas. La resistente variedad «Poesie», de flores blancas, es la más indicada para arriates. La tierra deberá ser rica en nutrientes y porosa, pues los crisantemos no soportan la humedad estancada. Su emplazamiento es especialmente importante para el crecimiento de la planta: cuanto más soleada sea su situación en el jardín, más prolíficos serán los crisantemos en términos de floración. Y cuanto más protegidos estén del viento, más largo será su período de floración. En invierno conviene proteger los crisantemos con broza u hojas.

Flores exóticas

Para los amantes de lo exótico tenemos unos consejos para unas flores otoñales verdaderamente especiales que los jardineros aficionados ni siquiera conocen.

La saxifraga (nombre latino) pertenece al género del mismo nombre. Esta palabra latina significa literalmente «rompepiedras», pues esta planta tan frugal prospera de forma excelente en emplazamientos rocosos o pedregosos. La Saxifraga cortusifolia «fortunei», por ejemplo, florece tarde y es comúnmente conocida en Alemania como «pequeño octubre». Las hojas son lobuladas y correosas y presentan un hermoso aspecto durante todo el año. Hacia el final de la temporada de jardinería, no obstante, adquieren un tono ocre y resultan especialmente atractivas. Sus flores blancas de forma estrellada, que parecen flotar sobre los tallos de hasta 30 cm de largo, salen en septiembre y octubre. Las zonas en sombra o semisombra ofrecen las mejores condiciones para la Saxifraga cortusifolia «fortunei».

Otra planta no tan común es el agnocasto, que florece entre agosto y octubre. Sus flores son de color morado claro, azul, rosa o blanco, y forman panículas de hasta 30 cm de olor aromático. Los agnocastos o sauzgatillos solían plantarse en los jardines de los monasterios, pues su fruto se utilizaba como especia y como anafrodisíaco para sofocar el «abyecto deseo carnal». Los agnocastos crecen hasta una altura de alrededor de tres metros. Son hojas son pecioladas palmadas y exudan un aroma agradable cuando se pulverizan. Prefieren crecer en emplazamientos húmedos, como cerca de un estanque.

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